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Adiós España..., ¿y?

No es fácil que Mariano Rajoy acepte el envite del pacto fiscal que le propone Mas como paño caliente sabiendo que sólo es el anticipo de una progresiva y blandurria cadena de órdagos

e. rodríguez marchante

BIEN, ya tenemos pronunciado a ese hipotético cincuenta por ciento de catalanes que aspiran a segregarse de España; ahora sólo queda que se pronuncie el otro hipotético cincuenta por ciento, ése que querría seguir siendo catalán pero dentro de España.

Pero, como tal cosa no va a suceder, al menos en forma de manifestación multitudinaria (se precisarían otras tantas décadas de educación y de trabajo estratégico para ello), sería suficiente que se pronunciaran al respecto algunas voces representantes y visibles de la Cataluña empresarial, financiera, cultural y hasta intelectual, si es que la hubiere. Un somero repaso ayer a la Prensa no «libre» (es decir, no catalana), dejaba una preocupante impresión, la de que ahora el verdadero problema lo tenía Artur Mas y su partido de Gobierno, que debe gestionar su auténtica vocación (más dinero) con la auténtica vocación de la gran mayoría que se lo pidió a gritos (y a él, no a España) y que es la soberanía, con lo que ello suponga para Cataluña.

No es fácil que Mariano Rajoy acepte el envite del pacto fiscal que le propone Mas como paño caliente sabiendo que sólo es el anticipo de una progresiva y blandurria cadena de órdagos, con lo que al president de la Generalitat sólo le quedarán dos opciones: o cantarle al pueblo catalán la «verdad» tras muchos años de ensoñación y fábula, y admitir que el enemigo no ha sido nunca España, o por el contrario alimentar esa alucinación colectiva y adentrarse en ese túnel oscuro en el que nadie (ni siquiera mineros como Joan Laporta o Monica Terribas) vislumbra ninguna luz al otro lado que no sea producto de sus propias linternas adosadas a la cabeza.

De todos modos, ni la verdad ni la sensatez ha sido siempre un freno eficaz para sofocar sentimientos inducidos desde la infancia, como el victimismo, la falta de «libertad» (¿?) o el de pertenencia a un pueblo rodeado por el enemigo, con lo que, pase lo que pase entre Rajoy y Mas, sería un buen servicio a ese pueblo que los propios catalanes con cerebro, cara y voz les dijeran a dónde se queda la economía, los mercados, la industria, la deuda, el rescate, el presente y... Europa.

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