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Primero vinieron a por Le Pen

La política francesa ha sido inhabilitada por una triquiñuela propia de la partitocracia

“Cuando llegaron los nazis, primero fueron a por los socialistas. Yo no dije nada porque no soy socialista. Luego fueron a por los sindicalistas y no protesté porque no soy sindicalista. Luego a por los judíos y no protesté porque no soy judío. Ahora vienen a por mí y ya no queda nadie para protestar”.

A veces le atribuyen este texto equivocadamente a Bertolt Brecht; sería normal que un marxista como él hubiera escrito contra los nazis y respaldara a socialistas, sindicalistas y minorías étnicas. La realidad es más interesante: son palabras de Martin Niemöller, un pastor cristiano prove...

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“Cuando llegaron los nazis, primero fueron a por los socialistas. Yo no dije nada porque no soy socialista. Luego fueron a por los sindicalistas y no protesté porque no soy sindicalista. Luego a por los judíos y no protesté porque no soy judío. Ahora vienen a por mí y ya no queda nadie para protestar”.

A veces le atribuyen este texto equivocadamente a Bertolt Brecht; sería normal que un marxista como él hubiera escrito contra los nazis y respaldara a socialistas, sindicalistas y minorías étnicas. La realidad es más interesante: son palabras de Martin Niemöller, un pastor cristiano proveniente de la derecha nacionalista, que pasó de apoyar a Hitler a formar parte de la resistencia contra él junto a socialistas, sindicalistas y minorías. Mantuvo siempre sus ideas conservadoras, pero nunca le preocupó reunirse con el comunista Ho Chi Minh para denunciar la guerra de Vietnam, ni recibir en la URSS el Premio Lenin por su oposición a la escalada nuclear de la OTAN. Su poema no es una mera consigna antifascista, sino una exhortación a solidarizarse con aquellos de ideologías distintas e incluso contrarias cuando se está ante un mal mayor.

Hoy podríamos decir “primero vinieron a por la candidata presidencial francesa Marine Le Pen”, que ha sido condenada e inhabilitada por malversar dinero europeo para su partido en Francia, una triquiñuela propia de la partitocracia. En contraste, el Tribunal General de la UE anuló por irregularidades las decisiones opacas de Ursula Von der Leyen respecto a la adquisición de vacunas contra el coronavirus en plena pandemia y la volvieron a poner al frente de la Comisión Europea. Christine Lagarde, por su parte, preside el Banco Central Europeo pese a que la justicia francesa la declaró en 2016 culpable de negligencia en un caso de desvío de dinero público del que se benefició el empresario Bernard Tapie.

Podríamos decir también “primero vinieron a por el candidato presidencial rumano Călin Georgescu”, inhabilitado por sospechas de haber recibido financiación electoral rusa para su campaña en TikTok (acusación que la propia red social niega). No se da el mismo escándalo cuando es la Unión Europea quien pretende influir en Georgia o Moldavia, ni se aplica la misma medida contra las figuras públicas europeas regadas con dinero de la USAID desde Estados Unidos.

Añadiríamos “y yo no protesté”, cargándonos de razón, “porque yo no soy facha, ni conspiranoico, ni prorruso”, ni ningún descalificativo de los que lanzan contra Georgescu y Le Pen, con mayor o menor verdad. Pero hay un grupo de valientes entre la izquierda europea que, sin compartir las ideas de ambos candidatos ultraderechistas, se atreven a lamentar y condenar su inhabilitación: son Mélenchon en Francia, Mick Wallace en Irlanda, Manu Pineda en España o Varoufakis en Grecia, que no olvida que antes de la actual persecución contra la derecha populista, los comisarios europeos de 2015 primero fueron a por los populistas de izquierda (Syriza, Podemos, 5Stelle). Hay otros izquierdistas que discrepan: “es que hoy en día los nazis contra los que luchar son Le Pen y Georgescu”, y por tanto su inhabilitación sería una excelente noticia para socialistas, sindicalistas y minorías.

Pero Varoufakis y compañía saben que a Le Pen y Georgescu no los inhabilitan por fachas, sino por oponerse a un enemigo que ellos comparten: el imperio germano-bruselense, que viene a por los socialistas para meter el gasto público en panzers, a por los sindicalistas del transporte y del campo y a por las minorías, quitándole la voz y el voto a los palestinos en Alemania o a los rusos en Estonia. Pero esta vez algunos están protestando. Que Niemöller los bendiga.

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